Se llama “Grandes maricas de la historia”, pero acá hay de todo: actores de los años dorados de Hollywood, putos viejos, dioses griegos, tortas melancólicas (obvio), presidentes, monjas, científicos enclosetados, aristócratas lujuriosos, trolos escurridizos, maricas malas, mascs viriles de pelo en pexo, Borbones, bisexualas gloriosas y hasta un coronel del ejército zapatista trans. Dramas, deseo, pasión y personajes solitarios y tristes, pero también sagrados y deseosos. “Grandes maricas de la historia” es el podcast del filólogo español Otto Más que, desde la pandemia, empezó a darle rienda suelta a su vocación de investigador, narrando las historias de personajes LGBTIQ+ de ayer y hoy.

Los historiadores dirán que fueron grandes camaradas o amigas muy cercanas, pero vos, yo y Otto sabemos lo que eso significa. Este podcast, que es uno de los más escuchados de España, hace un cruce entre rigor histórico y la mariconería para explorar las biografías de personajes queer históricos, algunos más conocidos que otros, y sacarlos del armario. Herman Melville, Eleanor Roosevelt, Katherine Kepburn, Nicolás Maquiavelo, Abraham Lincoln, Emiliano Zapata, Leonardo Da Vinci, Montaigne, Francis Bacon, Isaac Newton, Gabriela Mistral y hasta nuestra amada María Elena Walsh son algunxs de los protagonistas de sus cuatro temporadas.

Y aunque a muchxs de ellos ya le conocíamos “las plumas”, como diría Otto, siempre hay algo nuevo para contar, aunque estemos hablando de putos reconocidos, como Oscar Wilde o Chavela Vargas. Porque “Grandes Maricas” trasciende las biografías solemnes y totémicas de Wikipedia, para indagar en su lado más humano, vulnerable, inacabado y pasional. Todo esto, marinado con un buen comentario sociocultural de los contextos en los que estaban inmersxs, para conocer cómo eran los mundos que habitaban desde sus puntos de vista. Y acompañado de playlists de la música para una experiencia full inmersiva, ideal para escuchar mientras una barre la casa y fantasea con ser una gran marica histórica en un palacio renacentista o en un club de Jazz de los años 20’s.

Fue durante la cuarentena que Otto se subió a la oleada de nóveles podcasters que empezaron a hacer contenido para divertirse y conectar con otras personas; y en este caso, con la voluntad de hacer un rescate de visibilidad de un colectivo “historiográficamente maltratado”

“Hay muchísimo trabajo que hacer, el primero es ser visibles. Hay una parte de nuestro colectivo que está en el pasado, pero necesitamos conocerlo. Entonces pensaba en eso: cómo podemos recuperarlo. Y que otra gente pueda decir: ¡hostias!, siempre hemos estado ahí, porque tenemos referentes”, comenta Otto sobre este impulso inicial pandémico, donde se puso a emitir a las profundidades de Internet, como quien tira una botella al mar.

¿En qué momento te diste cuenta de que efectivamente había gente del otro lado?

-El primer año pasó completamente desapercibido. Pero por alguna cosa mágica que nunca entenderé cómo sucedió, en agosto empezaron a multiplicarse las visitas de manera exponencial. De repente estaba en la lista de los más escuchados de Spotify y empecé a recibir feedback, sobre todo en IG, de gente que estaba sola como colectivo. Gente que estaba sola a lo mejor en un pueblo perdido de España o de los Andes, por ejemplo. Hay una chica que me escribió de Argentina que flipé, me dieron ganas de llorar. Me comentó: “Estoy internada porque tengo tendencias suicidas y depresión, pero cuando escucho tu programa las paredes se caen y es el único momento que me siento acompañada, que me siento libre y estoy bien”. Hay gente que le entretiene, pero también hay gente que lo necesita. Hay gente que está esperando una o dos semanas para que le cuentes su propia historia, porque al final es la historia de todos nosotros. Y ese es mi mayor aliciente.

Muchos de los personajes que analizás tienen una mirada sobre el mundo muy particular y perceptiva; hablamos de artistas, filósofxs, celebridades de todo tipo sumamente influyentes en la cultura de occidente. ¿Existe esa “sensibilidad común” queer de la que a veces se habla?, ¿qué pensás de eso?

-La resiliencia que desarrollamos puede generar dos cosas. Haberla pasado tan mal nos forja el carácter. Para bien y para mal. Porque tengo amigos gays cuya inteligencia emocional es muy negativa -por no decir otra cosa- y lo demuestran porque son incapaces de sentir empatía por el colectivo porque son privilegiados y son de derechas. Y esa es la otra cara. El ser un colectivo que fue tan perseguido puede hacer dos cosas: que sobrevivas y esa resiliencia la hagas tuya, con todos los beneficios que eso te puede dar, o todo lo contrario, ocultarte y tratar de encajar en la masa y ser invisible. Y hacer invisible al colectivo también. Y eso es lo que pasa cuando gente del colectivo vota a la derecha, porque se creen que votando a la derecha se van a homogeneizar y no los van a discriminar. Se homogeneizan y se sienten a salvo. Y no estás a salvo. Podés estar a salvo porque ellos te admiten porque no vas a hablar de tu sexo, que es lo que a la gente le molesta, o te van a admitir porque estás en su ambiente socioeconomico. No te van a admitir por lo que piensas como parte del colectivo.

Uno de sus últimos capítulos es el de Herman Melville, un escritor que todxs conocemos como “el gran narrador de Moby Dick”. Sin embargo, GMDLH lo muestra como un pobre tipo que fracasó en el mundo literario, que tuvo durante décadas trabajos aburridísimos, que se casó y tuvo hijos porque no le quedó otra, que tuvo un par de aventuras como marinero que marcaron su vida, que estuvo enamorado durante años de un escritor más joven que él al que le escribía cartas frenéticas de pasión y con quien vivió un romance muy profundo, que finalmente le partió el corazón y que lo recordó hasta sus últimos días. No se trata solo de hacer un research académico, sino de encontrar los puntos de contacto más frágiles y sensibles. Porque al fin y al cabo, todxs fuimos una lesbiana enclosetada que vivía historias de amor imaginarias.

¿Qué valor le das a esa búsqueda de trascender la biografía enciclopédica?

 

-Si no nos humanizamos, hacemos justamente lo que hacen los historiadores con nosotros: nos transforman en figuras totémicas. Las lesbianas comen coño, las maricas comen rabo y los bisexuales son viciosos. Y pueden no comer coño ni comer rabo ni ser viciosos, pero si lo hacen eso no cambia nada, porque lo que los hace interesantes es cómo es esa persona por dentro y todo lo que puede hacer.